​Acostumbrada a vivir en la oscuridad de sus tristezas y decepciones un día conoció la luz en las palabra, el tacto, en los ojos, de Él.

Vivieron días bajo el sol. La luz del callejón siempre acompañaba sus noches. Pero ella, acostumbrada a vivir en las sombras e influenciada por sus fantasmas decidió no seguir compartiendo su soledad. Se marchó sin decir adiós dejando un hueco en su pecho, el de él; haciendo, en ambos, más grandes sus respectivas soledades. 

David G Zamudio. 

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